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15—En respuesta a la nueva luz SE1 113

HERMANOS míos, estoy trabajando arduamente día y noche. Muchas ideas fluyen en mi mente. En todo momento, constantemente son revividas en mi memoria asuntos que me han sido revelados en el pasado. Siento una carga tan grande que me presiona y que me impele a no quedarme callada. De hecho, lo he predicado, lo he dicho, lo he presentado delante de ustedes; y rogamos, suplicamos, pedimos y luchamos con toda las fuerzas de nuestro ser, hasta que sentimos que habíamos llegado al límite, que todo nuestro ser se encontraba tan débil que mi respiración podría detenerse y que moriría en cualquier momento. Aunque en otra ocasión se me instaba a hablar a favor de la gente. ¿Por qué no pueden ustedes hacer algo de esto? Cada vez que nuestro pueblo se reúne, vienen, escuchan y se van así como llegaron. Quizá ellos tengan un poco de luz, pero no viven SE1 113.1

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Comentarios a la lección de Escuela Sabática, lunes 3 de febrero de 1890, Battle Creek, Michigan. Manuscrito 9, 1890. en armonía con ella. No se colocan del lado del Señor. Ustedes no ven que ellos han abierto las avenidas del alma donde el Espíritu de Dios, con su poder iluminador, puede entrar directamente al corazón y al alma para que respondan.

Si Dios está obrando en mí en este sentido, ¿por qué no hay una respuesta más firme de nuestros hermanos para que ellos también se hagan cargo de la obra? ¿Es que la carga puede presionarme constantemente, y, sin embargo, que mis hermanos y hermanas se queden quietos como si siempre ha de ser así, como si no tuvieran una obra especial que hacer al respecto? Hermanos, necesitamos saber si nos aferraremos a lo que es nuestro privilegio asirnos en Jesucristo. SE1 114.1

Sé que se han hecho esfuerzos, una influencia contraria, para hacer retroceder la luz, la luz que Dios ha estado impulsando aquí sobre nosotros en lo que respecta a la justicia de Cristo; pero si acaso Dios ha hablado a través de mí, esa la verdad, hermanos. Esta es la verdad que cada una de sus almas recibirá, o sus almas serán dejadas en una oscuridad tan estéril como las colinas de Gilboa, sin rocío ni lluvia. SE1 114.2