Go to full page →

Obreros de entre las filas 7TPI 27

Dios observa este mundo con intenso interés. El conoce la capacidad que los hombres tienen para el servicio. Al mirar el curso de los siglos, el Señor cuenta a sus obreros -tanto hombres como mujeres- y les prepara el camino, diciendo: “Les enviaré a mis mensajeros, y en medio de las tinieblas verán que brilla una gran luz. Al ser ganados para servir a Cristo, utilizarán sus talentos para la gloria de mi nombre. Se los verá salir a trabajar para mí con celo y devoción. La verdad llamará poderosamente la atención de millares como resultado de sus esfuerzos, y los hombres que se hallan ciegos espiritualmente recibirán la vista y contemplarán mi salvación. La verdad cobrará tal prominencia que podrán leerla aun los que pasen corriendo. Se diseñarán diversos medios con el fin de alcanzar los corazones. En esta obra se utilizarán algunos métodos diferentes de los que se han usado anteriormente, pero que nadie los estorbe criticándolos a causa de ello”. 7TPI 27.1

Las personas a quienes Dios elige como obreros, no siempre son gente de talento a la vista del mundo. A veces escoge a gente sin instrucción y les asigna una tarea especial. Estos tienen acceso a una clase que otros no podrían alcanzar. Al abrir sus corazones a la influencia de la verdad, Cristo les imparte sabiduría. Sus vidas inspiran y exhalan la fragancia de la piedad. Eligen cuidadosamente las palabras antes de hablarlas. Se desviven por promover el bienestar de sus semejantes. Se acercan a los necesitados y desanimados llevándoles alivio y felicidad. Comprenden la necesidad de permanecer constantemente bajo la enseñanza de Cristo, para poder trabajar en armonía con la voluntad de Dios. Estudian la mejor forma de imitar el ejemplo dado por el Salvador al llevar la cruz y negarse a sí mismo. Al constituirse en testigos de Dios, revelan su amor y compasión y le rinden toda la gloria a Aquel a quien aman y sirven. 7TPI 27.2

Aprenden constantemente del Gran Maestro, y desarrollan cada vez un más alto grado de excelencia, aunque siempre se mantienen bajo el sentimiento de su propia ineficacia y debilidad. Su fuerte y amorosa admiración por Cristo los impulsa constantemente hacia arriba. Practican sus virtudes; porque su vida está identificada con la suya. En su constante avance ascendente son una bendición para el mundo y una honra para su Redentor. Acerca de ellos Cristo declara: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”. Mateo 5:5. 7TPI 28.1

Se debe animar a tales obreros. Su trabajo no está llamado a ser visto de los hombres, sino a glorificar a Dios; y soportará el escrutinio divino. El Señor permite que estos obreros se relacionen con los que poseen habilidades más marcadas, con el fin de llenar los vacíos que van quedando. Se siente complacido cuando se los aprecia, porque ellos constituyen eslabones en su cadena de servicio. 7TPI 28.2

Los seres humanos que se creen importantes y que se hallan henchidos con el pensamiento de sus propias habilidades superiores, pasan por alto a esta clase de, obreros contritos y humildes; pero Dios no los pierde de vista ni siquiera por un momento. El se da cuenta de todo lo que hacen con el fin de ayudar a los que se encuentran en necesidad. En las cortes celestiales, cuando se reúnan los redimidos en el hogar, estarán de pie más cerca del Hijo de Dios. Ellos resplandecerán en las cortes del Señor honrados por él, porque a su vez han considerado un honor ministrar en favor de aquellos por quienes dio su vida. 7TPI 28.3

*****

Dios inspirará a hombres que se hallan en posiciones humildes para que prediquen el mensaje de la verdad presente. Se verá que muchos de ellos se apresuran de aquí para allá, constreñidos por el Espíritu de Dios, llevando la luz a los que se hallan en tinieblas. En ellos la verdad es como fuego en sus huesos, que los llena de un ardiente deseo de alumbrar a los que están en oscuridad. Muchos, aun entre los iletrados, proclamarán la palabra del Señor. Aun los niños se sentirán impulsados por el Espíritu de Dios para salir a declarar el mensaje del cielo. El Espíritu será derramado sobre las personas que se someten a sus indicaciones. 7TPI 28.4

Desechando los reglamentos humanos que los estorbaban y sus excesivas precauciones, se unirán al ejército del Señor. 7TPI 29.1

*****

En el futuro, el Espíritu del Señor impresionará a personas que se dedican a los quehaceres comunes de la vida para que dejen sus empleos ordinarios y salgan a proclamar el último mensaje de misericordia. Es necesario prepararlos para el trabajo tan rápidamente como sea posible, a fin de que sus esfuerzos sean coronados de éxito. Ellos colaboran con los agentes celestiales, porque están dispuestos a gastar y a ser gastados en el servicio del Maestro. Nadie está autorizado a estorbar a estos obreros. En cambio, se les debe desear la bendición de Dios cuando salen a cumplir la gran comisión. Al hablar de ellos no se debe utilizar ninguna palabra descomedida, porque siembran la semilla del Evangelio en los lugares difíciles de la tierra. 7TPI 29.2

Las cosas mejores de la vida: la sencillez, la honestidad, la veracidad, la pureza, la integridad intachable, no se pueden comprar ni vender; son tan gratuitas para el ignorante como para el educado, para el hombre de color como para el blanco, y para el humilde campesino como para el rey que se sienta sobre su trono. El regocijo del Salvador será compartido por obreros humildes que no confían en sus propias fuerzas, sino que trabajan con sencillez, poniendo siempre su confianza en Dios. Sus oraciones perseverantes traerán almas a los pies de la cruz. Jesús influirá en los corazones de la gente y obrará milagros en la conversión de las almas, en respuesta a los esfuerzos abnegados de estos obreros. Los seres humanos ingresarán a la comunidad de la iglesia. Se edificarán casas de reuniones y se establecerán escuelas. Los corazones de los obreros se llenarán de regocijo al observar la salvación de Dios. 7TPI 29.3

*****

Cuando los redimidos se congreguen en la presencia de Dios, se darán cuenta de cuán imperfectas eran sus conclusiones acerca de lo que el cielo considera como éxito. Al repasar sus esfuerzos por alcanzar el éxito descubrirán cuán insensatos eran sus planes, cuán triviales sus supuestas pruebas, y cuán irrazonables sus dudas. Entonces verán cuán a menudo acarrearon el fracaso sobre lo que hacían por no confiar en lo que Dios decía. Entonces una verdad se destacará con toda claridad: la posición que se ocupa no prepara al hombre para entrar en las cortes celestiales. También se darán cuenta de que el honor que se rinde a los seres humanos pertenece sólo a Dios, y que a él corresponde toda la gloria. De los labios del coro de ángeles y de la hueste de redimidos brotará el cántico: “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? Pues sólo tú eres santo”. Apocalipsis 15:3-4. 7TPI 29.4