Ellen G. White Writings

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Joyas de los Testimonios 1, Page 582

En el laberinto del escepticismo*Testimonios para la Iglesia 4:583-586 (1881). (Del cap. “Posición y obra del sanatorio.”)

No hay excusa para la duda o el escepticismo. Dios ha hecho amplia provisión para establecer la fe de todos los hombres, si quieren decidir por el peso de las evidencias. Pero si antes de creer, esperan que cada objeción aparente sea eliminada, nunca se establecerán, arraigarán ni afirmarán en la verdad. Dios no eliminará nunca todas las aparentes dificultades de nuestra senda. Los que deseen dudar, podrán hallar oportunidad para ello; los que deseen creer, tendrán bastantes evidencias en que basar su fe.

La actitud de algunos es inexplicable, aun para ellos mismos. Van al garete, sin anclas, debatiéndose en la niebla de la incertidumbre. Pronto se apodera Satanás del timón, y lleva su frágil embarcación doquiera le place. Pasan a ser sujetos a su voluntad. Si estos espíritus no hubiesen escuchado a Satanás, no habrían sido engañados por sus sofismas; si se hubiesen equilibrado del lado de Dios, no habrían quedado confundidos y aturdidos.

Dios y los ángeles observan con intenso interés el desarrollo del carácter y pesan el valor moral. Los que resisten los designios de Satanás saldrán como oro probado en el fuego. Los que son arrebatados por las olas de la tentación se imaginan, como Eva, que se vuelven maravillosamente sabios, que superan su ignorancia y estrecha conciencia; pero, como ella, descubrirán que se han engañado lamentablemente. Han estado persiguiendo sombras, trocando la sabiduría celestial por el frágil juicio humano. Un poco de conocimiento los ha engreído. Un conocimiento más profundo y cabal de sí mismos y de Dios, los volvería cuerdos y sensatos, y los colocaría de parte de la verdad, los ángeles y Dios.

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