Ellen G. White Writings

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Mente, Carácter y Personalidad 1, Page 273

Capítulo 30—Egoísmo y egocentrismo

Por naturaleza somos egocéntricos

Por naturaleza somos egoístas y tercos. Pero si aprendemos las lecciones que Cristo desea darnos, nos haremos partícipes de su naturaleza, y de ahí en adelante viviremos su vida. El ejemplo admirable de Cristo, la incomparable ternura con que compartía los sentimientos de los demás, llorando con los que lloraban, regocijándose con los que se regocijaban, deben ejercer una profunda influencia en el carácter de los que le siguen con sinceridad. Con palabras y actos bondadosos tratarán de allanar el camino para los pies cansados.—El Ministerio de Curación, 115 (1905).

El egoísmo lleva al fracaso intelectual

El egoísmo siempre debe mantenerse subordinado; porque si se le deja lugar para actuar, llega a ser un poder dominante que reduce el intelecto, endurece el corazón, y debilita el poder moral. Luego viene la desilusión. El hombre se ha divorciado de Dios y se ha entregado a prácticas indignas. No puede ser feliz, porque no puede respetarse a sí mismo. Se ha rebajado en su propia estima. Es un fracaso intelectual.—Manuscrito 21, 1899.

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