Ellen G. White Writings

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Mente, Carácter y Personalidad 1, Page 357

Capítulo 38—Equilibrio en la educación

La educación tiene implicaciones eternas

La educación es una obra cuyos efectos se verán durante los siglos sin fin de la eternidad.—Joyas de los Testimonios 2:427 (1900).

Restaurar la armonía en el ser

El verdadero propósito de la educación es restaurar la imagen de Dios en el alma. En el principio, Dios creó al hombre a su propia semejanza. Lo dotó de cualidades nobles. Su mente era equilibrada, y todas las facultades de su ser eran armoniosas. Pero la caída y sus resultados pervirtieron estos dones. El pecado echó a perder y casi hizo desaparecer la imagen de Dios en el hombre. Restaurar esta fue el objeto con que se concibió el plan de la salvación y se le concedió un tiempo de gracia al hombre. Devolverle a la perfección original con la que fue creado, es el gran objeto de la vida, el objeto en que estriba todo lo demás. Es obra de los padres y maestros, en la educación de la juventud, cooperar con el propósito divino; y al hacerlo son “colaboradores [...] de Dios”. 1 Corintios 3:9.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 645, 646 (1890).

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