Ellen G. White Writings

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Joyas de los Testimonios 2, Page 108

“Alabad a Dios” *Testimonios para la Iglesia 5:315-319 (1885).

“TODO lo que respira alabe a Jah.” Salmos 150:6. ¿Hemos considerado de cuántas cosas debemos estar agradecidos? ¿Recordamos que las misericordias del Señor se renuevan cada mañana, y que su fidelidad es inagotable? ¿Reconocemos que dependemos de él, y expresamos gratitud por todos sus favores? Por el contrario, con demasiada frecuencia nos olvidamos de que “toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces.” Santiago 1:17.

Cuán a menudo los que gozan de salud se olvidan de las admirables mercedes que les son concedidas continuamente día tras día y año tras año. No rinden tributo de alabanza a Dios por todos sus beneficios. Pero cuando viene la enfermedad, se acuerdan de Dios. El intenso deseo de recuperar la salud los induce a orar fervientemente; y eso está bien. Dios es nuestro refugio en la enfermedad como en la salud. Pero muchos no le confían su caso; estimulan la debilidad y la enfermedad acongojándose acerca de sí mismos. Si dejasen de quejarse, y se elevasen por encima de la depresión y la lobreguez, su restablecimiento sería más seguro. Deben recordar con gratitud cuánto han disfrutado de la bendición de la salud; y si este precioso don les es devuelto, no deben olvidar que tienen una renovada obligación hacia su Creador. Cuando los diez leprosos fueron sanados, únicamente uno volvió para buscar a Jesús y darle gloria. No seamos como los nueve ingratos, cuyo corazón no fué conmovido por la misericordia de Dios.

Dios es amor. El cuida de las criaturas que formó. “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.” “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios.” Salmos 103:13; 1 Juan 3:1.

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