Ellen G. White Writings

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Joyas de los Testimonios 2, Page 232

La apariencia del mal*Testimonios para la Iglesia 5:591-603 (1889).

Me siento instada a dirigirme a aquellos que están empeñados en dar el último mensaje de amonestación al mundo. El que aquellos por quienes trabajen vean y acepten la verdad depende mucho de los obreros individualmente. La orden de Dios es: “Limpiaos los que lleváis los vasos de Jehová.” Isaías 52:11. Y Pablo encarga a Timoteo: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina.” 1 Timoteo 4:16. La obra debe principiar con el obrero; éste debe estar unido con Cristo como el sarmiento está unido a la vid. “Yo soy la vid—dijo Cristo,—vosotros los pámpanos.” Juan 15:5. Esto representa la relación más íntima que sea posible. Injértase la rama sin hojas en la cepa floreciente, y viene a ser un sarmiento vivo que saca savia y nutrición de la vid. Fibra por fibra, vena por vena, el sarmiento se aferra hasta que brota y florece y lleva fruto. La rama sin savia representa al pecador. Cuando está unida con Cristo, el alma se une al alma, lo débil y finito a lo santo e infinito, y el hombre llega a ser uno con Cristo.

“Sin mí—dice Cristo—nada podéis hacer.” Juan 15:5. ¿Estamos unidos con Cristo los que aseveramos ser obreros suyos? ¿Moramos en Cristo y somos uno con él? El mensaje que llevamos es mundial. Debe llegar a todas las naciones, lenguas y pueblos. El Señor no requerirá de ninguno de nosotros que salga con este mensaje, sin darnos gracia y poder para presentarlo a la gente de una manera que corresponda a su importancia. La gran cuestión para nosotros hoy es: ¿Estamos llevando hoy al mundo este solemne mensaje de verdad de tal manera que manifieste su importancia ? El Señor obrará con los obreros si ellos dependen únicamente de Cristo. Nunca quiso que sus misioneros trabajasen sin su gracia, destituídos de su poder.

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