Ellen G. White Writings

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Joyas de los Testimonios 2, Page 344

El verbo hecho carne*Testimonios para la Iglesia 5:746-749 (1889).

La unión de la naturaleza divina con la humana es una de las verdades más preciosas y más misteriosas del plan de redención. De ella habla el apóstol Pablo cuando dice: “Sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne.” 1 Timoteo 3:16.

Esta verdad ha sido para muchos una causa de duda e incredulidad. Cuando Cristo vino al mundo como Hijo de Dios e Hijo del hombre no fué comprendido por la gente de su tiempo. Cristo se rebajó hasta revestirse de la naturaleza humana, a fin de alcanzar a la especie caída y elevarla. Pero la mente de los hombres había sido obscurecida por el pecado, sus facultades estaban embotadas y sus percepciones enturbiadas, de manera que no podían discernir su carácter divino debajo del manto de la humanidad. Esta falta de aprecio de parte de los hombres obstaculizó la obra que él deseaba realizar por ellos; y a fin de dar fuerza a su enseñanza se vió con frecuencia en la necesidad de definir y defender su posición. Refiriéndose a su carácter misterioso y divino, trató de encauzar su mente hacia pensamientos que fuesen favorables al poder transformador de la verdad.

Además, empleó las cosas de la naturaleza con las cuales estaban familiarizados, para ilustrar las verdades divinas. El terreno del corazón quedó así preparado para recibir la buena semilla. Hizo sentir a sus oyentes que sus intereses se identificaban con los suyos, que su corazón simpatizaba con ellos en sus goces y aflicciones. Al mismo tiempo vieron en él la manifestación de un poder y una excelencia que superaban en mucho a los que poseían los rabinos más alabados. Las enseñanzas de Cristo se caracterizaban por una sencillez, una dignidad y

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