Ellen G. White Writings

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Joyas de los Testimonios 2, Page 434

Los internados*Testimonios para la Iglesia 6:168-175 (1900).

Al asistir a nuestros colegios muchos jóvenes quedan separados de las tiernas y refrenadoras influencias del hogar. Precisamente en la época de la vida en que necesitan observación vigilante son arrebatados a la restricción de la influencia y autoridad paternas y puestos en la compañía de un gran número de jóvenes de igual edad y de caracteres y costumbres de vida diversos. Muchos de éstos han recibido en su infancia escasa disciplina y son superficiales y frívolos; otros han sido regidos hasta el exceso y al alejarse de las manos que tenían tal vez demasiado tirantes las riendas del mando, creyeron que tenían libertad para proceder como quisieran. Desprecian hasta el mismo pensamiento de la restricción. Esas compañías aumentan grandemente los peligros de los jóvenes.

Los internados de nuestras escuelas han sido establecidos con el fin de que nuestros jóvenes no sean llevados de aquí para allá y expuestos a las malas influencias que abundan por doquiera, sino que, hasta donde sea posible, se les ofrezca la atmósfera de un hogar para que sean puestos a cubierto de las tentaciones conducentes a la inmoralidad y sean guiados a Jesús. La familia del cielo representa lo que debiera ser la familia de la tierra, y los hogares de nuestras escuelas, donde se reúnen jóvenes que buscan una preparación para el servicio de Dios, debieran aproximarse tanto como fuera posible al modelo divino.

Los maestros que están a cargo de estos hogares llevan graves responsabilidades, pues tienen que hacer las veces de padres y madres, demostrando, lo mismo para uno que para todos los alumnos, un interés semejante al que los padres demuestran por sus hijos. Los diversos elementos del carácter

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