Ellen G. White Writings

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Joyas de los Testimonios 2, Page 557

La Escuela Sabática* NOTA: Las declaraciones que forman este capítulo fueron escritas en los años 1889-1892, y se publicaron primero en el Sabbath School Worker (El Auxiliar de la Escuela Sabática) y otros periódicos. Han sido entresacadas de la compilación titulada “Counsels on Sabbath School Work,” (1938) cuyas páginas se mencionan en las referencias.—F. P. W.

El blanco más elevado

El objeto de la escuela sabática debe ser ganar almas. Puede ser impecable la manera de trabajar, y el equipo disponible lo mejor que se pueda desear; pero si los niños y los jóvenes no son conducidos a Cristo, la escuela fracasa; porque a menos que las almas sean llevadas a Cristo, se vuelven cada vez menos impresionables bajo la influencia de una religión formalista. El maestro debe cooperar mientras llama a la puerta del corazón de aquellos que necesitan ayuda. Si los alumnos responden a la súplica del Espíritu y abren la puerta del corazón para que entre Jesús, él abrirá su entendimiento a fin de que comprendan las cosas de Dios. La obra del maestro es sencilla, pero si se hace con el Espíritu de Jesús, la operación del Espíritu de Dios le añadirá profundidad y eficiencia.

Debe hacerse mucha obra personal en la escuela sabática. No se reconoce ni se aprecia debidamente la necesidad de esta clase de obra. Con un corazón lleno de gratitud por el amor que Dios impartió a su alma, el maestro debe trabajar tierna y fervientemente por la conversión de sus alumnos.

¿Qué evidencia podemos dar al mundo de que la obra de la escuela sabática no es simple simulación de piedad? Se la juzgará por sus frutos. Será estimada por el carácter y la obra de sus alumnos. En nuestras escuelas sabáticas, se les confiará a los jóvenes cristianos responsabilidades para que desarrollen su capacidad y adquieran poder espiritual. Entréguense

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