Ellen G. White Writings

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Joyas de los Testimonios 2, Page 568

La hospitalidad*Testimonios para la Iglesia 6:341-348 (1900).

LA BIBLIA da mucho realce a la práctica de la hospitalidad. No sólo ordena la hospitalidad como un deber, sino que presenta muchos hermosos cuadros del ejercicio de esta gracia y las bendiciones que reporta. Entre ellos se destaca el caso de Abrahán.

En el libro del Génesis, vemos al patriarca de Mamre descansando bajo los robles durante la cálida tarde veraniega. Pasan cerca de allí tres viajeros. No solicitan hospitalidad ni favor alguno; pero Abrahán no les permite seguir su viaje sin refrigerio. Es un hombre anciano, digno y rico, altamente honrado, y acostumbrado a dar órdenes; sin embargo, al ver a estos forasteros “salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, e inclinóse hacia la tierra.” Dirigiéndose hacia el que encabeza el grupo, dijo: “Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, ruégote que no pases de tu siervo.” Génesis 18:2, 3. Con sus propias manos, trajo agua a fin de que pudiesen lavar el polvo que sus pies recogieran en el viaje. El mismo les eligió la comida; mientras ellos estaban descansando a la fresca sombra, su esposa Sara les preparó la colación y Abrahán estuvo respetuosamente al lado de ellos mientras participaban de su hospitalidad. Les manifestó esta bondad simplemente como a viajeros, como a forasteros a quienes tal vez no volvería a ver. Pero terminado el agasajo, sus huéspedes se dieron a conocer. No sólo había atendido a ángeles celestiales, sino a su glorioso Comandante, su Creador, Redentor y Rey. Y a Abrahán fueron revelados los consejos del cielo, y fué llamado “amigo de Dios.”

Aunque Lot, sobrino de Abrahán, se había establecido en Sodoma, tenía el espíritu bondadoso y hospitalario del

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