Ellen G. White Writings

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Joyas de los Testimonios 2, Page 91

Cristo nuestra justicia*Discurso matutino dirigido a los ministros reunidos en el congreso general celebrado en Battle Creek, estado de Míchigan, en 1883.*Obreros Evangélicos, 411-415 (1892).

“SI confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.” 1 Juan 1:9.

Dios requiere que confesemos nuestros pecados, y humillemos nuestro corazón delante de él; pero al mismo tiempo debemos tener confianza en él, como en un Padre tierno, que no abandonará a aquellos que ponen su confianza en él. Muchos de nosotros andan por la vista y no por la fe. Creemos las cosas que se ven, pero no apreciamos las preciosas promesas que nos son dadas en la Palabra de Dios; y sin embargo, no podemos deshonrar a Dios más decididamente que al demostrar que desconfiamos de lo que dice, y que nos preguntamos si el Señor está de veras con nosotros o nos está engañando.

Dios no renuncia a nosotros por causa de nuestros pecados. Tal vez cometamos errores, y agraviemos su Espíritu; pero cuando nos arrepentimos y acudimos a él con corazón contrito, no nos desecha. Hay obstáculos que eliminar. Se han albergado malos sentimientos, y ha habido orgullo, suficiencia propia, impaciencia y murmuraciones. Todas estas cosas nos separan de Dios.

Deben confesarse los pecados, debe la gracia realizar una obra más profunda en el corazón. Los que se sienten débiles y desalentados pueden llegar a ser fuertes hombres de Dios, y hacer una obra noble para el Maestro. Pero deben obrar desde un punto de vista elevado; no deben sentir la influencia de motivos egoístas.

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