Ellen G. White Writings

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Cada Día con Dios, Page 256

Puedes vencer, 6 de septiembre

A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza. Daniel 2:23.

En esta época de maravillas satánicas se hará y se dirá todo lo imaginable para engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos. No digan nada los creyentes para exaltar el poder de Satanás. El Señor distinguirá a su pueblo guardador de sus mandamientos con señales distintivas de su favor, si quiere ser modelado por su espíritu y edificado en la santísima fe mediante la estricta obediencia a la voz de su palabra.

Humillemos nuestras almas delante de Dios. Trabajemos con la mira puesta en su gloria. Esté su alabanza siempre en nuestros labios, porque los beneficios que nos concede se renuevan diariamente y debieran ser reconocidos mediante acción de gracias. Dios es paciente, tierno y misericordioso. Si nos tratara de acuerdo con nuestra perversidad, nuestra locura, nuestra conducta imprevisible, nuestra volubilidad, ¿dónde estaríamos? Pero “él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo”. Salmos 103:14. Recuerda que nadie es autosuficiente para resistir a este terrible enemigo. Ocúltate en Dios y asegúrate que el Espíritu Santo está contigo. Podrás vencer al enemigo sólo si el Señor va delante de ti.

Si subsistimos en el gran día del Señor, con Cristo como nuestro refugio y nuestra fortaleza, debemos abandonar toda envidia y toda contienda por la supremacía. Debemos destruir completamente la raíz de estas cosas impías para que no puedan surgir de nuevo a la vida. Debemos ponernos plenamente del lado del Señor...

Busca la justicia y ocúltate bajo el amplio escudo de la omnipotencia. Es tu única seguridad. Dios te invita a buscarlo con humildad de corazón. Lee la oración de Daniel y verifica si tu experiencia será capaz de resistir la prueba de fuego. Dios bendecirá ricamente a los que se humillan delante de él...

No debemos permitir que nos transmitan su frío mortal los que no saben qué significa andar con Dios... No debemos permitirnos entrar en controversias. Debemos pronunciar palabras pacíficas y llenas de gracia y de verdad. Debemos escudriñar diligentemente nuestros corazones para humillarnos delante de Dios. Debemos respetar a nuestros hermanos, pero no ponerlos en el lugar de Dios, porque sólo son hombres.—Carta 195, del 6 de septiembre de 1903, dirigida a W. C. White.

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