Ellen G. White Writings

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El Conflicto de los Siglos, Page 344

Dios le asignó. Sin embargo, ningún hombre, por mucho que le haya honrado el cielo, alcanzó jamás a comprender completamente el gran plan de la redención, ni siquiera a apreciar debidamente el propósito divino en la obra para su propia época. Los hombres no entienden por completo lo que Dios quisiera cumplir por medio de la obra que les da que hacer; no entienden, en todo su alcance, el mensaje que proclaman en su nombre.

“¿Puedes tú descubrir las cosas recónditas de Dios? ¿Puedes hasta lo sumo llegar a conocer al Todopoderoso?” “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos, dice Jehová. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos que vuestros pensamientos”. “Yo soy Dios, [...] y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio, y desde la antigüedad cosas aún no hechas”. Job 11:7; Isaías 55:8, 9; 46:9, 10 (VM).

Ni siquiera los profetas que fueron favorecidos por la iluminación especial del Espíritu comprendieron del todo el alcance de las revelaciones que les fueron concedidas. Su significado debía ser aclarado, de siglo en siglo, a medida que el pueblo de Dios necesitase la instrucción contenida en ellas.

Escribiendo San Pedro acerca de la salvación dada a conocer por el evangelio, dice: “Respecto de la cual salvación, buscaron e inquirieron diligentemente los profetas, que profetizaron de la gracia que estaba reservada para vosotros: inquiriendo qué cosa, o qué manera de tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, cuando de antemano daba testimonio de los padecimientos que durarían hasta Cristo, y de las glorias que los seguirían. A quienes fue revelado que no para sí mismos, sino para nosotros, ministraban estas cosas”. 1 Pedro 1:10-12 (VM).

No obstante, a pesar de no haber sido dado a los profetas que comprendiesen enteramente las cosas que les fueron reveladas, procuraron con fervor toda la luz que Dios había tenido a bien manifestar. “Buscaron e inquirieron diligentemente”, “inquiriendo qué cosa o qué manera de tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos”. ¡Qué lección para el pueblo de Dios en la era cristiana, para cuyo beneficio estas profecías fueron dadas a sus siervos! “A quienes fue revelado que no para sí mismos, sino para nosotros, ministraban estas cosas”. Considerad a esos santos hombres de Dios que “buscaron e inquirieron

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