Ellen G. White Writings

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Consejos Sobre la Salud, Page 108

Tal es el caso aún en el mundo religioso. Los mandatos expresos de Dios se transgreden y “por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal”. Eclesiastés 8:11. Hay hombres y mujeres que seguirán sus propias inclinaciones, aun frente a las más claras órdenes de Dios y luego se atreverán a orar sobre el asunto pidiéndole a Dios que les permita continuar en dirección contraria a su voluntad. Satanás se acerca a tales personas, tal como lo hizo con Eva en el Edén, y ejerce su influencia sobre ellas. Porque experimentan ciertas emociones, estas personas creen estar teniendo una maravillosa experiencia con Dios. Pero una experiencia verdadera estará en armonía con las leyes naturales y divinas; la experiencia falsa es contraria a las leyes de la vida y los preceptos de Jehová.

El apetito controla a los antediluvianos

Desde la primera derrota frente al apetito la humanidad se ha vuelto más y más autocomplaciente, hasta que la salud ha sido sacrificada sobre los altares del apetito. Los habitantes del mundo antediluviano eran intemperantes en la comida y la bebida. Consumían carne a pesar de que en ese tiempo Dios todavía no había dado permiso al hombre para alimentarse de animales. Continuaron su forma pervertida de comer y beber hasta que la complacencia de sus apetitos depravados no tuvo límite; tanta fue su corrupción que Dios no pudo soportarla más. Su copa de iniquidad estaba colmada y Dios purificó la tierra de su contaminación moral mediante el diluvio.

Intemperancia después del diluvio

Al multiplicarse los hombres sobre la faz de la tierra después del diluvio, nuevamente se olvidaron de Dios y corrompieron sus caminos delante de él. Aumentó la intemperancia en todas sus formas, hasta que casi todo el mundo

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