Ellen G. White Writings

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El Evangelismo, Page 173

como aparecen en la Biblia. Sería muy conveniente si se publicaran tal como aparecen en la Biblia el capítulo 19 de Éxodo y la mayor parte del capítulo 20, y los versículos 12 a 18 del capítulo 31. Colocad estas verdades en libritos y folletos y dejad que la Palabra de Dios hable a la gente. Cuando se predique un sermón de importancia especial acerca de la ley imprimidlo si tenéis los medios para hacerlo. Luego, cuando os enfrenten los defensores de las leyes dominicales, poned esos folletos en sus manos. Decidles que no tenéis nada que discutir acerca del asunto del domingo, porque tenéis un claro “Así dice Jehová” que respalda vuestra observancia del séptimo día.—The Review and Herald, 26 de marzo de 1908.

Haced prominente la señal distintiva—Hemos de manifestar al mundo los puros, nobles y santos principios que han de distinguir del mundo al pueblo de Dios. En lugar de que el pueblo de Dios llegue a distinguirse cada vez menos definidamente de los que no guardan el sábado, han de hacer la observancia del sábado tan prominente que el mundo no pueda dejar de reconocer que son adventistas del séptimo día.—Manuscrito 162, 1903.

Llamados a exponer al hombre de pecado—En el tiempo mismo en que vivimos, el Señor ha llamado a su pueblo y le ha dado un mensaje para presentar. Lo ha llamado a exponer la maldad del hombre de pecado, que ha hecho de la ley del domingo un poder distintivo, que ha pensado cambiar los tiempos y la ley, y ha oprimido al pueblo de Dios que se mantiene firme para honrarlo y guardar el único verdadero día de reposo, el sábado de la creación, como santo para el Señor.—Testimonios para los Ministros, 118 (1903).

Un pueblo distinto con un mensaje decisivo—El Señor se ha agradado en dar a su pueblo el mensaje del tercer ángel como un mensaje decisivo para presentar al mundo. Juan contempla a un pueblo distinto y separado del mundo, que se rehúsa a adorar a la bestia o a su imagen, que tiene la señal de Dios, que guarda su sábado, el séptimo día, que ha de ser mantenido santo como un monumento conmemorativo del Dios viviente, el Creador de los cielos y de la tierra. De este pueblo escribe el apóstol: “Aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús”.—Carta 98, 1900.

La marca de la bestia—Pero cuando la observancia del domingo sea impuesta por la ley, y que el mundo sea ilustrado respecto a la obligación del verdadero día de descanso, entonces el que transgrediere el mandamiento de Dios para obedecer un precepto que no tiene mayor autoridad que la de Roma, honrará con ello al papado por encima de Dios: rendirá homenaje a Roma y al poder que impone la institución establecida por

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