Ellen G. White Writings

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El Evangelismo, Page 122

Dios ha puesto al alcance de su pueblo las ventajas de la imprenta, la cual, combinada con otros medios, difundirá con éxito el conocimiento de la verdad. Hay que hacer circular folletos, revistas y libros según lo exija el caso, en todas las ciudades y las aldeas del país.—Life Sketches of Ellen G. White, 216, 217 (1915).

Alas para la verdad—Hay una gran necesidad de hombres que puedan utilizar la prensa con ventaja, para que la verdad reciba alas a fin de volar a cada nación, lengua y pueblo.—Gospel Workers, 25 (1915).

La página impresa—Aunque el ministro presente fielmente el mensaje, la gente no puede retenerlo todo. La página impresa es por lo tanto indispensable, no sólo para llamar la atención hacia la importancia de la verdad para este tiempo, sino también para arraigar y fortalecer a la gente en la verdad, y para afirmarla contra los errores engañosos. Las revistas y los libros son los medios que el Señor tiene para mantener el mensaje para este tiempo continuamente delante de la gente. Al esclarecer y confirmar a las almas en la verdad, las publicaciones llevarán a cabo un trabajo más grande del que puede realizar el ministerio de la Palabra obrando solo. Los mensajeros silenciosos que los colportores colocan en los hogares fortalecerán en todo sentido el ministerio evangélico, porque el Espíritu Santo obrará en las mentes a medida que éstas lean los libros, tal como impresiona las mentes de los que escuchan la Palabra predicada. El mismo ministerio de los ángeles que asiste la obra del ministerio también acompaña los libros que contienen la verdad.—Testimonies for the Church 6:315, 316 (1900).

El debate*Véase las, 222-226, “Frente al prejuicio y la oposición”.

Dios es raramente glorificado—En algunos casos, puede ser necesario hacer frente, en un debate abierto, a un hombre orgulloso y que se jacta contra la verdad de Dios; pero generalmente estas discusiones, ora sean orales o escritas, resultan en más daño que bien.—Testimonies for the Church 3:213 (1872).

Las discusiones no pueden evitarse siempre... La gente a quien le gusta ver a los oponentes combatirse, puede clamar por la discusión. Otros, que desean oír las evidencias de ambos lados, pueden urgir a que se efectúe la discusión con un motivo perfectamente honesto; pero cuandoquiera puedan evitarse las discusiones, debiera evitárselas... Dios es rara vez glorificado o la verdad impulsada en estos combates.—Testimonies for the Church 3:424 (1875).

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