Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 106

Capítulo 18—Deberes y privilegios conyugales

Jesús no impuso el celibato—Los que consideran la relación matrimonial como uno de los ritos sagrados de Dios, protegidos por su santo precepto, serán gobernados por los dictados de la razón.1A Solemn Appeal, 139.

Jesús no impuso el celibato a clase alguna de hombres. No vino para destruir la relación sagrada del matrimonio, sino para exaltarla y devolverle su santidad original. Mira con agrado la relación familiar donde predomina el amor sagrado y abnegado.2Manuscrito 126, 1903.

El matrimonio es santo y legítimo—En sí el comer y beber no encierra pecado, ni tampoco lo hay en casarse y darse en casamiento. Era lícito casarse en tiempo de Noé, y lo es también ahora, si lo lícito se trata debidamente y no se lleva al exceso pecaminoso. Pero en días de Noé los hombres se casaban sin consultar a Dios ni procurar su dirección y consejo....

El hecho de que todas las relaciones de la vida son de índole transitoria debe ejercer una influencia modificadora sobre todo lo que hacemos y decimos. En tiempos de Noé, lo que hacía pecaminoso el casamiento delante de Dios era el amor desordenado y excesivo por lo que en sí era lícito cuando se hacía el debido uso de ello. Son muchos en esta época del mundo los que pierden su alma al dejarse absorber por los pensamientos referentes al casamiento y a la relación matrimonial.3The Review and Herald, 25 de septiembre de 1888.

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