Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 149

Capítulo 25—El cuidado de los niños menesterosos

Los huerfanitos—Más de un padre que murió en la fe, confiado en la eterna promesa de Dios, dejó a sus amados en la plena seguridad de que el Señor los cuidaría. Y ¿cómo provee el Señor para estos enlutados? No realiza un milagro enviando maná del cielo; no manda cuervos que les lleven alimento; sino que realiza un milagro en los corazones humanos, expulsando el egoísmo del alma y abriendo las fuentes de la benevolencia. Prueba el amor de quienes profesan seguirle, confiando a sus tiernas misericordias a los afligidos y a los enlutados.

Que aquellos que aman al Señor abran su corazón y sus hogares para recibir a estos niños....

Un amplio campo de utilidad espera a todos los que quieran trabajar por el Maestro, cuidando a estos niños y jóvenes que han sido privados de la dirección vigilante de sus padres, y de la influencia subyugadora de un hogar cristiano. Muchos de ellos han heredado malas características, y si se los deja crecer en la ignorancia, se desviarán hacia compañías que pueden conducirlos al vicio y el crimen. Estos niños poco promisorios necesitan que se los coloque en una posición favorable para la formación de un carácter correcto a fin de que puedan llegar a ser hijos de Dios.1Joyas de los Testimonios 2:519, 520.

Responsabilidad de la iglesia—Niños huérfanos de padre y madre son arrojados a los brazos de la iglesia, y Cristo dice a

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