Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 169

Capítulo 30—El compañerismo en la familia

Los padres deben conocer a sus hijos—Algunos padres no los comprenden a éstos [sus hijos], ni los conocen verdaderamente. A menudo hay una gran distancia entre padres e hijos. Si los padres quisieran compenetrarse plenamente de los sentimientos de sus hijos, y desentrañar lo que hay en sus corazones, se beneficiarían ellos mismos.1Joyas de los Testimonios 1:146. HC 169.1

El padre y la madre deben obrar juntos en plena simpatía el uno con el otro. Deben hacerse compañeros de sus hijos.2Manuscrito 45, 1912. HC 169.2

Los padres deben estudiar la manera mejor y de más éxito para ganar el amor y la confianza de sus hijos, a fin de que puedan conducirlos en la senda recta. Deben reflejar el sol del amor sobre la familia.3The Review and Herald, 30 de agosto de 1881. HC 169.3

El estímulo y el elogio—A los niños les gusta la compañía, y raras veces quieren estar solos. Anhelan simpatía y ternura. Creen que lo que les gusta agradará también a la madre, y es natural que acudan a ella con sus menudas alegrías y tristezas. La madre no debe herir sus corazones sensibles tratando con indiferencia asuntos que, si bien son baladíes para ella, tienen gran importancia para ellos. La simpatía y aprobación de la madre les son preciosas. Una mirada de aprobación, una palabra de aliento o de encomio, serán en sus corazones como rayos de sol que muchas veces harán feliz el día.4El Ministerio de Curación, 301. HC 169.4

Los padres deben ser los confidentes del niño—Los padres deben animar a sus hijos a confiar en ellos, a presentarles las penas de su corazón, sus pequeñas molestias y pruebas diarias.5Joyas de los Testimonios 1:141. HC 169.5

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