Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 179

Capítulo 32—Ocúpese el jardín del corazón

Los padres como jardineros—El Señor ha confiado a los padres una obra solemne y sagrada. Han de cultivar cuidadosamente el suelo del corazón. Pueden ser así colaboradores con Dios. El espera de ellos que guarden y atiendan cuidadosamente al jardín constituído por el corazón de sus hijos. Han de sembrar la buena simiente y quitar toda mala hierba. Es necesario eliminar todo defecto del carácter, toda mala disposición; porque si se les permite subsistir, mancillarán la belleza del carácter.1Manuscrito 138, 1898. HC 179.1

Padres, vuestro hogar es el primer campo en el que sois llamados a trabajar. Las preciosas plantas que hay en el jardín del hogar exigen vuestro primer cuidado. Habéis sido designados para velar por las almas como quienes han de dar cuenta. Considerad cuidadosamente vuestra obra, su naturaleza, su orientación y sus resultados.2The Signs of the Times, 10 de julio de 1886. HC 179.2

Tenéis ante vuestra puerta un terrenito que cultivar, y Dios os tendrá por responsables de esta obra que confió a vuestras manos.3The Review and Herald, 15 de septiembre de 1891. HC 179.3

El cuidado del jardín—Prevalece en el mundo la tendencia a dejar a los jóvenes seguir la inclinación natural de su propia mente. Y los padres dicen que si los jóvenes son muy desenfrenados en su adolescencia se corregirán más tarde, y que cuando tengan dieciséis o dieciocho años razonarán por su cuenta, abandonarán sus malos hábitos y llegarán por fin a ser hombres y mujeres útiles. ¡Qué error! Durante años permiten que el enemigo siembre en el jardín del corazón; HC 179.4

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