Ellen G. White Writings

<< Back Forward >>

«Back «Prev. Pub. «Ch «Pg   Pg» Ch» Next Pub.» Forward»

El Hogar Cristiano, Page 239

Capítulo 45—El primer deber de la madre

Posibilidades de un niño bien enseñado—Dios ve todas las posibilidades que hay en esa partícula de humanidad. Ve que con la debida preparación el niño llegará a ser un poder para el bien en el mundo. Observa con ansioso interés para ver si los padres llevarán a cabo su plan o si por una bondad equivocada destruirán su propósito y por su indulgencia excesiva causarán la ruina del niño para este tiempo y la eternidad. Transformar a este ser desamparado y aparentemente insignificante en una bendición para el mundo y una honra para Dios es una obra grandiosa. Los padres no deben tolerar que cosa alguna se interponga entre ellos y la obligación que tienen para con sus hijos.1The Signs of the Times, 25 de septiembre de 1901.

Una obra para Dios y la nación—Los que observan la ley de Dios consideran a sus hijos con sentimientos indefinibles de esperanza y temor, al preguntarse qué parte desempeñarán en el gran conflicto que los espera. La madre ansiosa pregunta: “¿Qué decisión tomarán? ¿Qué puedo hacer con el fin de prepararlos para desempeñar bien su parte, de modo que obtengan la gloria eterna?” Grandes responsabilidades pesan sobre vosotras, madres. Aunque no os destaquéis en los consejos nacionales, ... podéis hacer una gran obra para Dios y vuestra nación. Podéis educar a vuestros hijos. Podéis ayudarles a desarrollar caracteres que no vacilarán ni serán inducidos a hacer lo malo, sino que influirán en otros para que hagan lo bueno. Por vuestras fervientes oraciones de fe, podéis mover el brazo que mueve el mundo.2The Review and Herald, 23 de abril de 1889.

«Back «Prev. Pub. «Ch «Pg   Pg» Ch» Next Pub.» Forward»