Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 328

Capítulo 59—Los padres ancianos

“Honra a tu padre y a tu madre”—La obligación que tienen los hijos de honrar a sus padres dura toda la vida. Si los padres son ancianos y débiles, los hijos deben dedicarles su afecto y atención proporcionalmente a su necesidad. Con nobleza y decisión deben amoldar su conducta, hasta con abnegación si es necesario, para evitar a los padres todo motivo de ansiedad y perplejidad. ... Debe enseñarse a los hijos a amar y cuidar con ternura a sus padres. Hijos, atendedlos vosotros mismos; porque ninguna otra mano puede hacer tan aceptablemente los pequeños actos de bondad que la vuestra puede hacer para ellos. Aprovechad la preciosa oportunidad que tenéis para sembrar bondades.1Manuscrito 18, 1891.

Nuestra obligación para con nuestros padres no cesa nunca. Nuestro amor hacia ellos, y el suyo hacia nosotros, no se miden por los años ni por la distancia, y nuestra responsabilidad no puede ser puesta a un lado.2The Review and Herald, 15 de noviembre de 1892.

Recuerden los hijos atentamente que aun en el mejor de los casos los padres disfrutan de poca alegría y comodidad. ¿Qué puede causar mayor pena a su corazón que una negligencia manifiesta de parte de sus hijos? ¿Qué pecado pueden cometer los hijos que sea peor que el ocasionar pena a un padre o a una madre de edad y sin amparo?3Ibid.

Allánenles el camino—Una vez llegados a la madurez, algunos hijos piensan que han cumplido su deber cuando han provisto de morada a sus padres. Aunque les dan comida y albergue, no les conceden amor ni simpatía. En la vejez de

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