Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 332

Sección 13—El uso del dinero

Capítulo 60—Mayordomos de Dios

Debemos reconocer la propiedad de Dios—El cimiento de la integridad comercial y del verdadero éxito es el reconocimiento del derecho de propiedad de Dios. El Creador de todas las cosas es el propietario original. Nosotros somos sus mayordomos. Todo lo que tenemos es depósito suyo para ser usado de acuerdo con sus indicaciones.

Es ésta una obligación que pesa sobre cada ser humano. Tiene que ver con toda la esfera de la actividad humana. Reconozcámoslo o no, somos mayordomos provistos por Dios de talentos y facilidades y colocados en el mundo para hacer una obra asignada por él.1La Educación, 133.

El dinero no es nuestro; ni nos pertenecen las casas, los terrenos, los cuadros, los muebles, los atavíos y los lujos. Tenemos tan sólo una concesión de las cosas necesarias para la vida y la salud. ... Las bendiciones temporales nos son dadas en cometido, para comprobar si se nos pueden confiar riquezas eternas. Si soportamos la prueba de Dios, recibiremos la posesión adquirida que ha de ser nuestra: gloria, honra e inmortalidad.2Carta 8, 1889.

Tendremos que dar cuenta—Si nuestros hermanos quisieran tan sólo dedicar a la causa de Dios el dinero que les ha sido confiado, la porción que gastan en complacencias egoístas, en idolatría, depositarían un tesoro en el cielo y harían precisamente la obra que Dios les pide que hagan.

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