Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 459

Capítulo 81—Recreación satisfactoria

Ejercicio para la mano, el intelecto y el carácter—El beneficio mayor no se obtiene del ejercicio hecho a guisa de juego o de ejercicio simplemente. Hay cierto beneficio que se deriva de estar al aire puro y también del ejercicio de los músculos; pero conságrese la misma cantidad de energía al cumplimiento de deberes provechosos y el beneficio será mayor y se experimentará un sentimiento de satisfacción; pues un ejercicio de esa naturaleza lleva consigo la sensación de lo beneficioso y la aprobación de la conciencia por el deber bien cumplido.1La Educación, 331.

En los niños y jóvenes se debe despertar la ambición de hacer ejercicio ejecutando algo que sea beneficioso para sí mismos y de ayuda para otros. El ejercicio que desarrolla la mente y el carácter, que enseña las manos a ser útiles y prepara a los jóvenes para llevar lo que les toca de las cargas de la vida, es el que proporciona fuerza corporal y aviva cada facultad. Y hay recompensa en la laboriosidad virtuosa y en el cultivo del hábito de vivir para hacer bien.2Ibid.

Ninguna recreación que sea útil únicamente para ellos dará por resultado una bendición tan grande para los niños y jóvenes como aquella que los haga útiles para los demás. Los jóvenes, que por naturaleza son entusiastas e impresionables, responden rápidamente a la insinuación.3La Educación, 208.

El ejemplo de Jesús en su juventud—La vida de Jesús rebosaba de laboriosidad, y él hacía ejercicio al cumplir sus variadas tareas en armonía con el desarrollo de su fuerza

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