Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 478

Capítulo 84—Encaucemos a los jóvenes

Las normas se rebajan—Los padres están cediendo a las propensiones de sus hijos a amar al mundo. Abren la puerta a diversiones que una vez prohibían por principio.1Manuscrito 119, 1899.

Aun entre los padres cristianos se ha sancionado demasiado el amor a las diversiones. Los padres han recibido las máximas del mundo, se han conformado a la opinión general de que era necesario que la primera parte de la vida de los niños y jóvenes se desperdiciase en la ociosidad, en diversiones egoístas e insensateces. De esta manera se ha creado el gusto por el placer excitante, y niños y jóvenes se han acostumbrado a ello de tal modo que se deleitan en representaciones excitantes y les desagradan los serios y útiles deberes de la vida. Llevan una vida que concuerda más bien con la de los brutos. No piensan en Dios ni en las realidades eternas y revolotean como las mariposas en su estación del año. No actúan como seres sensatos cuya vida es capaz de medirse con la divina, y que habrán de dar cuenta al Señor por cada hora de su tiempo.2The Youth’s Instructor, 20 de julio de 1893.

Las madres pueden idear juegos—En vez de despedir a sus hijos de su presencia, para no ser molestadas por el ruido que hacen ni por las numerosas atenciones que desean, ella considerará que el mejor empleo que pueda dar a su tiempo consiste en calmar y distraer el espíritu inquieto y activo de ellos con alguna diversión u ocupación ligera y feliz. La madre quedará ampliamente recompensada por los esfuerzos que haga y el tiempo que dedique a inventar entretenimiento para sus hijos.

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