Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 495

Capítulo 87—Cuadros de la tierra nueva

Visiones de la gloria futura—Con Jesús al frente, descendimos todos de la ciudad a la tierra, y nos posamos sobre una ingente montaña que, incapaz de sostener a Jesús, se partió en dos, de modo que quedó hecha una vasta llanura. Miramos entonces hacia arriba y vimos la gran ciudad con doce cimientos y doce puertas, tres en cada uno de sus cuatro lados, y un ángel en cada puerta. Todos exclamamos: “¡La ciudad, la ciudad, ya baja, ya baja de Dios, del cielo!” Descendió, pues, la ciudad, y se asentó en el lugar donde nosotros estábamos. Después miramos las espléndidas afueras de la ciudad. Vi bellísimas casas que parecían de plata, sostenidas por cuatro columnas engastadas de preciosas perlas muy admirables a la vista. Estaban destinadas a ser residencia de los santos. En cada una había un anaquel de oro. Vi muchos santos que entraban en las casas, y, desciñéndose sus resplandecientes coronas, las colocaban sobre el anaquel. Después salían al campo contiguo a las casas para hacer algo con la tierra, aunque no en modo alguno como para cultivarla como hacemos ahora. Un glorioso nimbo circundaba sus cabezas, y estaban continuamente alabando a Dios.

Vi otro campo lleno de toda clase de flores, y al cogerlas exclamé: “No se marchitarán.” Después vi un campo de crecida hierba, cuyo hermosísimo aspecto causaba admiración. Era de color verde vivo, y tenía reflejos de plata y oro al ondular gallardamente para gloria del Rey Jesús. Luego entramos en un campo lleno de toda clase de animales: el león,

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