Ellen G. White Writings

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El Ministerio de Curación, Page 299

atractiva, al surtirla con las cosas buenas que Dios ha dispensado con tanta generosidad. Sea la hora de comer una hora de contento y alegría. Al gozar de los dones de Dios, correspondámosle con agradecida alabanza.

En muchos casos las enfermedades de los niños pueden achacarse a equivocaciones en el modo de cuidarlos. Las irregularidades en las comidas, la ropa insuficiente en las tardes frías, la falta de ejercicio activo para conservar la buena circulación de la sangre, la falta de aire abundante para purificarla, pueden ser causa del mal. Estudien los padres las causas de la enfermedad, y remedien cuanto antes toda condición defectuosa.

Todos los padres pueden aprender mucho con respecto al cuidado y a las medidas preyentivas y aun al tratamiento de la enfermedad. La madre en particular debe saber qué hacer en los casos comunes de enfermedad en su familia. Debe saber atender a su enfermito. Su amor y perspicacia deben capacitarla para prestar servicios que no podrían encomendarse a una mano extraña.

El estudio de la fisiología

Los padres deberían tratar temprano de interesar a sus hijos en el estudio de la fisiología y enseñarles sus principios elementales. Enséñenles el mejor modo de conservar sus facultades físicas, intelectuales y morales, y cómo usar sus dotes para que su vida beneficie a otros y honre a Dios. Este conocimiento es de valor inapreciable para los jóvenes. La enseñanza respecto a las cosas que conciernen a la vida y la salud es para ellos más importante que el conocimiento de muchas de las ciencias que se enseñan en las escuelas.

Los padres han de vivir más para sus hijos y menos para la sociedad. Estudiad los asuntos relacionados con la salud, y practicad vuestros conocimientos. Enseñad a vuestros hijos a razonar de la causa al efecto. Enseñadles que si quieren

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