Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 10

maravillosas del poder divino. Él dirige la atención primero a la naturaleza, luego arriba, por medio de la naturaleza, al Dios de la naturaleza, quien sostiene los mundos por su poder.—Manuscrito 73, 1893.

Por medio de las leyes naturales

No debe suponerse que una ley se pone en movimiento para obrar por sí misma en la semilla; que la hoja aparece porque así debe hacerlo por su propia cuenta. Dios tiene leyes que ha instituido, pero ellas son solamente las siervas mediante las cuales él logra los resultados. Es por medio de la intervención directa de Dios como toda hierba diminuta nace de la tierra y brota a la vida. Toda hoja crece y todo capullo florece por el poder de Dios.

El organismo físico del hombre está bajo la supervisión divina, pero no es como un reloj que se pone en operación y debe funcionar por sí solo. El corazón palpita, un pulso sucede a otro, la respiración es consecutiva, pero todo el ser está bajo la supervisión de Dios. “Vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios”. En Dios vivimos, y nos movemos, y somos. Cada latido del corazón, cada respiración, es la inspiración de aquel que sopló en la nariz de Adán el aliento de vida, la inspiración del Dios omnipresente, el gran Yo Soy.—The Review and Herald, 8 de noviembre de 1898.

Dios en la naturaleza

En todas las cosas creadas se ve el sello de la Deidad. La naturaleza da testimonio de Dios. La mente sensible, puesta en contacto con el milagro y el misterio del universo, no puede dejar de reconocer la obra del poder infinito. La producción abundante de la tierra y el movimiento que efectúa año tras año alrededor del sol no se deben a su energía inherente. Una mano invisible guía los planetas en el recorrido de sus órbitas celestes. Una vida misteriosa satura

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