Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 101

colegio, debieran tener mejor salud y mejor entendimiento de las leyes de la vida que cuando ingresaron. La salud debe protegerse de modo tan sagrado como el carácter.

Mentes entenebrecidas y errores dietéticos

Muchos estudiantes son deplorablemente ignorantes del hecho de que el régimen alimentario ejerce una gran influencia sobre la salud. Algunos no han hecho jamás un buen esfuerzo por dominar el apetito o por observar reglas apropiadas de alimentación. Comen demasiado, hasta en las comidas regulares; además, comen entre comidas cuando quiera que se presenta la tentación. Si los profesos cristianos desean superar deficiencias que los perturban, como por qué tienen la mente tan torpe o por qué son tan débiles sus aspiraciones religiosas, no necesitan en muchos casos ir más allá que la mesa; hay ahí causa suficiente, si no existe otra.

Muchos se apartan de Dios por complacer su apetito. El que advierte la caída de un pajarillo, el que cuenta hasta los cabellos, anota el pecado de los que satisfacen un apetito pervertido a expensas del debilitamiento de las fuerzas físicas, del entorpecimiento del intelecto y del embotamiento de las percepciones morales.

Hábitos de salud del maestro

Los maestros mismos debieran prestar debida atención a las leyes de la salud de modo que puedan conservar sus propias facultades en la mejor condición posible, y por ejemplo y precepto, ejercer una correcta influencia sobre sus alumnos. El maestro cuyas fuerzas físicas están ya debilitadas por la enfermedad o el exceso de trabajo, debe prestar atención especial a las leyes de la vida. Debiera darse tiempo para recrearse. No debiera aceptar responsabilidades fuera de su trabajo escolar. Eso puede recargarlo física

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