Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 102

y mentalmente de tal modo que se le desequilibre el sistema nervioso; así quedaría incapacitado para tratar con la mente de sus alumnos, y no se beneficiaría él mismo ni sus alumnos.

Nuestras instituciones de enseñanza debieran estar provistas de todo lo que facilite la instrucción referente al mecanismo del cuerpo humano. Se ha de enseñar a los estudiantes a respirar, leer y hablar de modo que la tensión no sobrevenga a la garganta y a los pulmones, sino a los músculos abdominales. Los maestros también necesitan educarse en esto. Nuestros estudiantes debieran tener una perfecta preparación para que puedan entrar en la vida activa con un conocimiento inteligente de la morada que Dios les ha dado. Enseñadles que tienen que seguir siendo estudiantes mientras vivan. Y mientras les enseñáis, recordad que ellos enseñarán a otros. Vuestra lección será repetida para provecho de muchos.—FEC, 272-274.

Educad en la sencillez de Cristo

El Señor nos ha ordenado que en nuestras instituciones de educación siempre debemos procurar que se alcance la perfección de carácter que se ve en la vida de Cristo y en la instrucción que dio a sus discípulos. Habiendo recibido nuestra comisión de la más alta autoridad, debemos educar, educar, educar en la sencillez de Cristo. Nuestro objetivo debe ser alcanzar la más alta norma en todo ramo de nuestra labor. El que sanó a miles con un toque y una palabra es nuestro Médico. Las preciosas verdades contenidas en sus enseñanzas deben ser nuestra guardia frontal y nuestra retaguardia.

La norma establecida para nuestros sanatorios y escuelas es muy elevada, y una gran responsabilidad descansa sobre los médicos y maestros relacionados con estas

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