Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 151

presencia de Dios.—Carta 121, 1901.

Dirijamos la mente a Cristo

Debe exaltarse a Cristo, el Gran Sanador, y no a ningún médico humano. Médicos, Jesús escuchará vuestras oraciones. Enfermeras, si tenéis una conexión viva con Dios, podéis presentar con confianza a los enfermos delante de él. Él aliviará y bendecirá a los dolientes, moldeando y dando forma a la mente, inspirándola con fe, esperanza y valor. La vida de Cristo y su gracia son el único poder que con seguridad se puede traer a morar a la mente humana. Toda otra influencia debe desecharse.

Ningún individuo debe permitirse tomar control de la mente de otra persona, pensando que al hacerlo le está trayendo un gran beneficio. La cura mental es uno de los engaños más peligrosos que puede practicar cualquier individuo. El alivio temporal se puede sentir, pero la mente del que es controlado por otra de esta forma, nunca vuelve a ser fuerte y confiable. Podemos ser tan débiles como lo era la mujer que tocó el borde del manto de Cristo; pero si usamos la oportunidad que Dios nos da para allegarnos a él con fe, él nos responderá tan rápidamente como lo hizo ante aquel toque de fe.

No es la voluntad de Dios que ningún ser humano rinda su mente a otro ser humano. Cristo resucitado, quien ahora está sentado a la diestra del trono del Padre, es el poderoso Sanador. Mirémosle para obtener poder sanador. Sólo por medio de él los pecadores pueden allegarse a Dios en su estado actual. Nunca pueden llegar a Dios por medio de la mente de cualquier otra persona. El agente humano nunca debe interponerse entre las agencias celestiales y los enfermos.

Todos debieran estar en una posición donde colaboraran con Dios al dirigir la mente de otros hacia él. Decidles

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