Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 168

Promesas para obreros abnegados

Que todos trabajen en conformidad con los principios del sacrificio propio. Obrad mientras dura el día, pues la noche viene cuando nadie puede trabajar. Mientras el pueblo de Dios trabaje ardiente, humilde y sacrificadamente, obtendrá la rica recompensa de la cual habla Job: “Los oídos que me oían me llamaban bienaventurado... La bendición del que se iba a perder venía sobre mí, y al corazón de la viuda yo daba alegría”. Se reconocerá a Cristo como el Creador y Redentor. Los que trabajan en unión con Dios serán distinguidos y apreciados. El reconocimiento de los siervos fieles de Dios no quita ni una jota de la gratitud y la alabanza que ofrecemos a Dios y al Cordero.

Cuando los redimidos estén de pie alrededor del trono de Dios, los que hayan sido salvos del pecado y de la degradación se allegarán a los que trabajaron por ellos con palabras de saludo: “Yo estaba sin Dios y sin esperanza en el mundo, por perecer en la corrupción y el pecado. Yo carecía de alimento físico y espiritual. Usted vino a mí en amor y misericordia, y me alimentó y me vistió. Usted me dirigió al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.—Carta 74, 1901.

Preparación para la eternidad

Haced de vuestra vida una preparación para la eternidad. No tenéis ni un momento que perder. ¿Guardáis los mandamientos de Dios? ¿Teméis ofenderle? ¿Sentís vuestra dependencia de Cristo? ¿Sois conscientes de que debéis ser guardados en todo momento por su poder? ¿Está llena vuestra vida de sumisión, contentamiento y gratitud?

Los obreros médicos misioneros son reconocidos por Cristo, no porque llevan el nombre que ostentan sino porque están bajo el cuidado protector del Misionero jefe,

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