Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 169

quien dejó el cielo para dar su vida por la vida del mundo. Él dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos... El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestará a él”.

Entonces, como testigos de Dios, dad señal de que estáis bajo la disciplina y la enseñanza del Gran Médico misionero; que os habéis colocado en sus manos para manifestar su Espíritu, para mostrar al mundo el carácter sagrado de su gran obra y para revelar a los incrédulos la ventaja de estar bajo su protección.

Un médico misionero no es de valor a la causa de Dios a menos que en su vida se hayan desarrollado todos los principios implícitos en el nombre que lleva. El evangelio de Cristo debe estar entretejido en su vida diaria. Debemos hacer de nuestra vida en este mundo un ejemplo, hasta donde nos sea posible, de lo que será la vida en el cielo. Cristo espera esto de todos los que afirman ser médicos misioneros. Ellos no deben dar cabida a un solo principio que esté contaminado de egoísmo. Deben presentarse ante el mundo como seguidores de Cristo, participantes de su abnegación y humillación, proclamando su venida.—Carta 63, 1903.

Consejo a un médico jóven

El Señor le ha dado su obra. Él espera que usted se examine semanalmente para ver cómo está manejando los bienes del Señor. ¿Está utilizando al máximo sus facultades mentales, morales y físicas en un esfuerzo por agradar al Señor, quien desea que acumule talentos por el uso correcto de los que ya le ha dado? El hecho de que sea médico en ningún momento lo libera de la necesidad de practicar la economía. Hay nuevos campos a los que se debe entrar y para hacerlo se requiere la economía más estricta. ¿Entrará

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