Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 174

logrando? ¿Os podéis dar el lujo de vivir para el yo? ¿Podéis obtener la vida eterna mientras vivís de tal forma? ¿No tiene Dios un lugar y una obra para vosotros? ¿No hay nada más que podáis hacer fuera de agradaros a vosotros mismos y satisfacer al yo?—Carta 4a, 1902.

Dos clases de siervos

De un sermón predicado en Grimsby, lnglaterra, el 19 de septiembre de 1886.

En los últimos días habrá únicamente dos grupos; uno a la derecha y otro a la izquierda, y Cristo dice a uno: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.” Y ellos responden: “ ¿Cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?” Y Cristo dice: “En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. Pero a los de la izquierda les dice: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”.

Los del primer grupo tenían a Cristo entretejido en su carácter, y no eran conscientes de ninguna cosa que hubieran hecho. “Venid, benditos de mi Padre—es la bendición—, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Vemos entonces que Cristo identifica sus intereses con los del hombre caído. Se vuelve a los de la izquierda y les dice: “Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis”. Entonces ellos le preguntan: “¿Cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la

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