Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 175

cárcel, y no te servimos?” Y viene la respuesta: “En cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”. No al mayor, sino al más pequeño.

Bien, ahora queremos traer a Cristo a nuestra vida diaria. Los que no habían alimentado al hambriento, o vestido al desnudo, o visitado al enfermo, no eran conscientes de ello, y ¿por qué? Porque se habían educado y se habían preparado en la escuela de la complacencia del yo, y el resultado fue que perdieron el cielo y el gozo de la eternidad que pudieron haber sido suyos si hubieran dedicado sus facultades a Dios.—Manuscrito 16, 1886.

Encomio para ganadores de almas

Habrá una alabanza bendita, una bendición santa para los fieles ganadores de almas. Ellos se unirán en el cielo a los regocijados, quienes aclamarán el hogar de la cosecha. ¡Cuán grande será el gozo cuando todos los redimidos del Señor se reúnan en las mansiones preparadas para ellos! ¡Oh, qué gozo para todos los que hayan sido obreros imparciales y desinteresados en unión con Dios para llevar adelante su obra en la tierra! ¡Qué satisfacción tendrá todo segador cuando se escuche la voz clara y musical de Jesús diciendo: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo!”...

El Redentor es glorificado porque no ha muerto en vano. Con el corazón lleno de regocijo y de alegría, los que han sido colaboradores con Dios quedarán satisfechos al ver el resultado del trabajo duro de su alma por los pecadores que perecían. Ya han quedado atrás, olvidadas, las horas ansiosas que han pasado, las perplejidades que han tenido que arrostrar y el pesar del corazón debido a que algunos rechazaron ver y recibir las cosas que eran para su paz. La abnegación que han practicado para apoyar la obra ya no se recuerda más. Al considerar las almas que

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