Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 201

de nuestras instituciones sean lo suficientemente humildes para permitir que el Señor Jesús los dirija, actuarán en forma irreflexiva. Para que los hombres puedan fortalecer la causa de Dios, su capacidad debe estar santificada, para que puedan razonar sabiamente de causa a efecto.

Se deben vigilar los intereses de nuestros sanatorios. Todos deben sentir que es un privilegio hacer lo mejor para que avance la obra médica misionera. Dios requiere que su pueblo se abstenga de hacer algo que interfiera con la obra de otro. No es generoso ni correcto que un hombre empiece la obra de un sanatorio independiente en un lugar donde ya hay un sanatorio establecido. Es muy probable que se requiera la economía más estricta para manejar en forma adecuada un sanatorio y equiparlo con las instalaciones necesarias de los tratamientos y la alimentación saludable para los pacientes y auxiliares.

Toda transacción comercial cuenta una historia acerca del carácter del individuo. No debe hacerse un trabajo descuidado. No deben hacerse movimientos en un espíritu egoísta, sin tomar en cuenta los derechos o la propiedad de otros.—Manuscrito 93, 1901.

Labor del sanatorio como especulación

A una hora muy temprana fui despertada por la orden: “Escribe las cosas que te he presentado”.

En la construcción del santuario se dieron tacto y pericia a los israelitas. El Señor dará a su pueblo de hoy tacto y destreza para realizar su obra. Les impartirá sabiduría a todos los que tengan una parte en su causa; pero deben depender completamente de él: estar dispuestos a ser controlados y guiados por él. Como pueblo, debemos andar y trabajar como hombres y mujeres que dan cuenta a Dios.

Hay quienes han tomado la obra del sanatorio bajo su propia responsabilidad. Algunos han entrado en ella con

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