Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 204

Una solemne amonestación

El Señor me ha instruido a amonestar a los que establecen sanatorios en lugares nuevos para que empiecen su obra con humildad. Deben consagrar sus capacidades a Dios, para que se utilicen para la gloria de su nombre.

Los sanatorios que se establezcan en el futuro no deberán ser edificios inmensos, que incurran en muchos gastos. Se deben establecer pequeños sanatorios locales en conexión con nuestras escuelas.

Deben fundarse muchos sanatorios en lugares fuera de las ciudades. Conectados con ellos debe haber hombres y mujeres de habilidad y consagración, que procedan en el amor y el temor de Dios. Estas instituciones deben ser escuelas. Los que trabajen en ellas no deben sentir que están preparados para la graduación, que ya saben todo lo necesario. Deben estudiar diligentemente y practicar con cuidado las lecciones que Cristo ha dado.—Manuscrito 76, 1902.

Hay que actuar cuidadosamente

Hay hombres que no actúan con prudencia. Están ansiosos por hacer una gran presentación. Piensan que la exhibición externa les dará influencia. En su trabajo, no se sientan primero y calculan el costo, para ver si pueden terminar lo que han empezado. De esta forma dejan ver su debilidad. Muestran que tienen mucho por aprender en relación a la necesidad de actuar cuidadosamente y en forma avisada. En su confianza propia, cometen muchos errores. Así algunos han recibido un daño del cual nunca se recuperarán. Este ha sido el caso de varios que se han sentido competentes para establecer y administrar sanatorios. El fracaso los alcanza, y... se llenan de deudas...

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