Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 206

instituciones se humillen delante de Dios. Que soliciten ayuda a Dios para planear tan prudente y económicamente que las instituciones se arraiguen y den fruto para la gloria de Dios. No dependáis de los hombres. Mirad a Jesús. Continuad en oración y velad en oración con acción de gracias. Estad seguros de que tenéis una unión íntima con Cristo.—Carta 12, 1902.

Honor mediante la humildad

Aun teniendo todos los medios necesarios para trabajar, los administradores de algunos de nuestros grandes sanatorios han deseado hacer muchas mejoras con dinero que no es de su propiedad, sino del Señor. Algunos dejan de hacer actos de misericordia a los necesitados y utilizan para ellos la pitanza ahorrada de esta manera. Muchos cometen robo tras robo a Dios en la persona de sus santos. Los que están relacionados con nuestras instituciones deben estar siempre motivados por principios nobles en sus relaciones comerciales, revelando por su ejemplo los principios puros y santos que rigen a todo cristiano...

El Salvador de la raza humana nació de un parentesco humilde, en un mundo inicuo y maldecido por el pecado. Creció en la oscuridad de Nazaret, un pueblecito de Galilea. Empezó su trabajo en la pobreza y sin ningún reconocimiento mundano. Así introdujo Dios el evangelio de una forma completamente diferente de la que muchos consideraban posible para proclamar el mismo evangelio en 1902. Al mismo comienzo de la dispensación evangélica, él enseñó a su iglesia a confiar, no en la posición y el esplendor mundanos, sino en el poder de la fe y la obediencia. El favor de Dios está por encima de las riquezas de oro y plata. El poder de su Espíritu es de valor inestimable.

Nunca debemos confiar en el reconocimiento y el nivel mundanos. Tampoco debemos, al fundar nuestras

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