Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 210

vida de Cristo. Piense en lo que era él antes de venir a nuestro mundo: Comandante de todas las inteligencias celestiales. ¿Cómo vino a esta tierra? Lo vemos como un hombre pobre, quien hasta el mismo final de su historia terrenal mantuvo su humildad. La idea de que la ostentación externa da influencia a un hombre o a su posición es una de las mentiras de Satanás. Que ningún hombre se exalte sobre los métodos y el ejemplo de nuestro Señor. No hay una norma más elevada que la vida de Cristo. Como pueblo, debemos evitar la pretensión del mundo, que ha hecho de los hombres y las mujeres lo que son hoy. No debemos copiar las costumbres ni las prácticas de los sabios del mundo para ganar favor e influencia. La semejanza a Cristo es el verdadero cristianismo. En verdad hay un poder que ninguna apariencia externa u ostentación pueden dar, que ninguna clase de suposición u opinión mundana puede cambiar o alterar.—Manuscrito 172, 1899.

Sin contemporización

A los que se dedican a la obra médica misionera los asaltará la tentación a exaltarse ellos mismos, a buscar los efectos de las apariencias. Cortad de vuestro trabajo todo lo que sea de este carácter. Que toda la carga del alma no sea otra sino asemejarse a lo que Cristo fue en su labor. No debemos contemporizar de ningún modo con los hábitos y las prácticas del mundo. Debemos permanecer sobre la plataforma de la verdad eterna, la pura y genuina verdad. En esto se nos puede considerar singulares, pero esta es la suerte de todos los que escojan a Cristo como su porción. Todo obrero que trabaje en las ramas médicas misioneras debe hacer que este trabajo sea un éxito al vivir en contacto con el gran Obrero.—Manuscrito 96, 1898.

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