Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 214

Ellos serán tentados a complacer los gustos y hábitos del pueblo no consagrado al traer innovaciones, y la bendición de Dios se quitará de la obra. Recordad siempre que a la vista de Dios un corazón manso y humilde constituye el verdadero valor, lo mismo que el ornato de un espíritu afable y apacible, lo que él considera de grande estima. Dios puede bendecir al humilde y al manso. Puede usarlos como instrumentos honrados para bendecir a otros; pues ellos le darán la gloria a él, a quien pertenece toda grandeza y poder.

Se requerirán tacto e ingeniosidad. Hay que estar constantemente alerta para enfrentar el prejuicio y vencer las dificultades. A menos que se adopte esta actitud, en nuestras instituciones no habrá paz, sino espada. Los obreros se ponen constantemente en contacto con otros que también llevan pesadas cargas; y todos necesitan iluminación divina. Tienen que manifestar el espíritu amante y generoso de Cristo. Serán probados. Su fe y amor, su paciencia y constancia, serán probados, pero Dios es su Ayudador.—Manuscrito 162, 1897.

Cualidades esenciales para la administración

El Señor estima que nuestras instituciones de salud son de valor solamente cuando le permiten presidir en su administración. Si sus planes y objetivos se consideran inferiores a los planes de los hombres, él no considera estas instituciones como de más valor que las establecidas y administradas por los mundanos. Dios no puede apoyar a ninguna institución a menos que ésta enseñe los principios vivos de su ley y mantenga sus propias acciones en estricta conformidad con estos preceptos. Sobre las instituciones que no se mantienen de acuerdo con su ley, él pronuncia la sentencia: “No aceptada; pesada en las balanzas del santuario y hallada falta”.

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