Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 225

debido al accidente.

Nadie debe aprovecharse de ningún trabajador, en ningún caso, pues todas las cosas están abiertas ante los ojos de Aquel a quien debemos dar cuentas. Él requiere que se abrigue la integridad en el alma y que se revele en la vida.—Carta 58, 1902.

Sed amables con los humildes

El deseo de que las cosas se hagan como uno quiera, en forma contraria al juicio de los demás obreros, no debe hallar lugar en nuestras instituciones. “Todos vosotros sois hermanos”. Se debe mostrar un espíritu de amor y ternura. En nuestros sanatorios, y en cualquier institución, son de gran valor las palabras amables, las miradas agradables y un comportamiento condescendiente. Hay un encanto en la relación de los hombres que son corteses en realidad. En las transacciones comerciales ¡qué poder para el bien tiene una pequeña condescendencia! ¡Qué poder restaurador y elevador tiene la influencia de tal trato sobre quienes están en pobreza y deprimidos, echados por tierra por la enfermedad y la pobreza! ¿Les negaremos el bálsamo que trae tal relación?...

Los que ocupan posiciones de responsabilidad tendrán que relacionarse con los que han tenido una suerte muy difícil. El trabajo y las privaciones, sin esperanza de mejoría en el futuro, hacen la carga de ellos muy pesada. Y cuando se añaden el dolor y la enfermedad, el peso es casi mayor de lo que pueden soportar. Que ningún siervo de Dios añada acritud a su trato con los tales. Esto en sí mismo sería crueldad. Que se vistan de cortesía como con una túnica. Que sean amables y conciliatorios en su actitud con el más humilde y el más pobre. Dios verá y recompensará ese trato.—Carta 30, 1887.

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