Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 226

Debe preservarse una dignidad santificada

Se me instruye que se debe limpiar y purificar nuestros sanatorios de todas las personas cuya conducta sea un descrédito para la sagrada obra del sanatorio. Nuestras instituciones de salud deben preservar una dignidad santificada. Que no se contraten ayudantes que no posean un verdadero sentido de la dignidad. Emplead a los que den evidencia de que obran para alcanzar la norma de la perfección, en cuya vida se notan las marcas de la similitud divina.

Debe ejercerse gran prudencia al seleccionar a hombres y mujeres como instructores para nuestro sanatorio. Ellos deben ser no sólo los que hablen con inteligencia de los asuntos científicos, sino hombres y mujeres que hayan aprendido a estar bajo el gobierno del Espíritu de Dios y que obedezcan las instrucciones de Cristo. Deben ser capaces de dar consejo sabio de un modo afable e inteligente. La irritación y los regaños no serán benéficos, pero las palabras claras proferidas en un espíritu de amabilidad lograrán resultados duraderos para el bien. El Señor ayudará a todos los que sinceramente deseen aprender de él.

No se pueden hacer impresiones correctas sobre los enfermos cuando los que componen la familia de auxiliares del sanatorio son antipáticos o manifiesten actitudes groseras, o que albergan un espíritu de frivolidad o están sujetos a celos extraños. No se debe mantener a tales obreros en nuestras instituciones, pues el enemigo siempre está listo a trabajar sobre sus mentes y por medio de la influencia de ellos alejar a las almas de Cristo. Sería mucho mejor pagar sueldos más elevados y asegurar auxiliares buenos y sensatos en nuestras instituciones, en lugar de aceptar a los que no podéis disciplinar y preparar.

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