Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 251

de Aquel que se dio a sí mismo por toda la raza humana, para convertirse en un Sanador, en un Salvador tierno, amante y compasivo. Que en nuestras instituciones médicas se planee todo medio posible para atraer a las almas a la salvación. Esta es nuestra tarea. Si la obra espiritual no se hace, no hay necesidad de llamar a nuestro pueblo para la construcción de estas instituciones. Los que no tienen un deseo ardiente de salvar almas, no deben unirse con nuestros sanatorios.—Carta 159, 1902.

Los obreros que se necesitan

El Señor desea que hombres y mujeres prudentes actúen en calidad de enfermeros para aliviar y ayudar al enfermo y al doliente. Por medio del ministerio de estos enfermeros, los que hasta aquí no han tomado parte en actividades religiosas serán inducidos a preguntar: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” El pecador será guiado a Cristo por la atención paciente de los enfermeros que anticipan sus deseos, que se postran en oración y solicitan al gran Médico Misionero que mire con compasión al doliente, que le haga sentir la influencia suavizadora de su gracia y que ejercite su poder restaurador.

Para vencer la timidez nerviosa

Se superará la timidez nerviosa del enfermo cuando éste se familiarice con el interés intenso que el Salvador tiene por toda la humanidad doliente. ¡Oh, la profundidad del amor de Cristo! Él murió en la cruz del Calvario para redimirnos de la muerte.

Que nuestros médicos y enfermeros tengan siempre en mente estas palabras: “Somos colaboradores de Dios”. Que todo médico y todo enfermero aprenda a trabajar de tal manera que pueda aliviar tanto el sufrimiento mental como el físico. En este tiempo, cuando el pecado prevalece

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