Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 253

medios escogidos por el Señor perderán su influencia. Por un curso de negligencia al deber, el médico humilla al Gran Médico, de quien debe ser un representante. Las horas estrictas deben mantenerse con todos los pacientes, ya sean de clase alta o baja. No debe permitirse un descuido negligente en ninguna de las enfermeras. Sed siempre leales a vuestra palabra y puntuales en cumplir vuestras citas, pues esto significa mucho para el enfermo.—Carta 128, 1905.

Prontitud y eficiencia

No debe obligarse a los enfermos a esperar cuando necesitan consejo y alivio. El médico nunca debe descuidar a sus pacientes. Ha de tener un juicio penetrante y rápido y debiera mantener en el cuarto del enfermo una atmósfera afable. No debe ser frío, reticente ni dubitativo, mas debe cultivar las cualidades que harán de él una influencia suavizadora sobre los enfermos. Éstos desean más que miradas; requieren palabras amables y optimistas. El médico debiera estar listo a hablarles, a expresar palabras de aliento y de seguridad, palabras que salgan del corazón con sabiduría, mostrando que entiende los casos de quienes están bajo su cuidado. Esto inspirará tranquilidad y confianza, aun en la primera cita.

El médico debe ser un hombre de mente pura. Si sus principios son elevados, ejercerán una influencia de peso a favor del bien. Los médicos necesitan estar continuamente llenos con el Espíritu de Cristo, aprender lecciones de él, el más grande Maestro que el mundo jamás conoció; entonces serán puros en pensamiento, mente y acción. No darán oportunidad a que algunas palabras o modales los guíen a pensamientos impuros.

La licencia está arruinando a muchas almas, y los médicos necesitan especialmente velar y orar para que no entren en tentación y para que puedan tener esa gracia que hará de

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