Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 258

Médico, quien puede sanar las enfermedades del cuerpo como también curar la enfermedad del alma. Orad con los enfermos, y tratad de llevarlos a ver en Cristo, su Sanador. Decidles que si lo miran con fe, él les dirá: “Tus pecados te son perdonados”. Aprender esta lección significa mucho para el enfermo.—Carta 56, 1907.

Enfermeros consagrados

Se necesitan jóvenes dedicados y fervientes para entrar a la obra de Dios como enfermeros. Mientras estos hombres y mujeres jóvenes utilicen conscientemente el conocimiento que obtienen, aumentarán en capacidad y se prepararán más y más para ser la mano ayudadora del Señor. Ellos pueden llegar a ser misioneros de éxito, que lleven las almas al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, quien puede salvar tanto el alma como el cuerpo.

El Señor busca a hombres y mujeres prudentes, que trabajen como enfermeros para aliviar y ayudar al enfermo y doliente. ¡Oh, que todos los que están afligidos pudieran recibir una atención de tal naturaleza de parte de médicos y enfermeros cristianos, que los indujera a colocar sus cuerpos cansados y atormentados por el dolor bajo el cuidado del gran Sanador, confiando en él para su restauración!

Muchos convertidos y sanados

Todo cristiano sincero se inclina ante Jesús como el verdadero Médico de las almas. Cuando esté de pie al lado del lecho del afligido, habrá muchos no solamente convertidos sino también sanados. Se obtiene una gran victoria si, por medio de un ministerio cuidadoso, se guía al paciente a dar su alma a Cristo, y a colocar sus pensamientos en obediencia a la voluntad de Dios.—The Review and Herald, 9 de mayo de 1912.

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