Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 274

Consideración por los desconsiderados

Los que están relacionados con nuestros sanatorios deben ser educadores. Tienen que hacer el evangelio atractivo por medio de palabras agradables y acciones bondadosas. Como seguidores de Cristo, deben tratar de producir la impresión más favorable de la religión que profesan, e inspirar pensamientos nobles. Algunos serán conmovidos por su influencia, para esta vida y la eternidad.

En la obra de ayudar a otros podemos ganar victorias muy preciosas. Deberíamos dedicarnos con celo ferviente, con fidelidad sincera, con abnegación y con paciencia, a la obra de ayudar a los que necesitan crecer. Las palabras afables y alentadoras obrarán maravillas. Hay muchos que, si se hace un esfuerzo constante y de corazón en su favor, sin crítica ni regaños, se mostrarán susceptibles a mejorar. Mientras menos critiquemos a otros, mayor será la influencia que tendremos sobre ellos para el bien. Las amonestaciones categóricas y frecuentes harán más daño que bien a muchas personas. Que una amabilidad semejante a la de Cristo sea patente a todos.

Hay ciencia en el trato con los que parecen especialmente débiles. Si vamos a enseñar a otros, primero debemos aprender de Cristo. Necesitamos una visión amplia, para que podamos hacer una verdadera obra médica misionera, y mostrar tacto en nuestra relación con las mentes.

Los que realmente están en la más mínima necesidad de ayuda es probable que reciban el máximo de nuestra atención. Pero necesitamos mostrar una sabiduría especial al relacionarnos con los que parecen desconsiderados y desatentos. Algunos no comprenden lo sagrado de la obra de Dios. Los que poseen la mínima habilidad, los descuidados y aun los indolentes, demandan en forma especial una consideración cuidadosa y de oración. Debemos ejercer tacto

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