Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 322

que trabajen por la conversión a la verdad de la clase intelectual, refinada, y rica absorta en el mundo, están haciendo una obra buena y esencial. Muchos la consideran una clase sin esperanza, y hacen poco para abrir los ojos de quienes, enceguecidos y deslumbrados por el poder de Satanás, han dejado la eternidad fuera de sus cuentas. Pero aquí hay un campo de labor que no debe descuidarse. Estas personas son mayordomos a quienes Dios ha confiado responsabilidades importantes. Debemos acercarnos a esta clase, pues sé que muchos de sus miembros son almas agobiadas; andan en busca de algo, pero no saben lo que es.

Si son salvos por Jesucristo, serán agentes útiles en las manos de Dios para comunicar la verdad a otros. Si se convierten a la verdad, sentirán una responsabilidad especial por llevar a otras almas de esta clase abandonada hacia la verdad. Sentirán que se les ha confiado a ellos una dispensación del evangelio en favor de los que hacen del mundo su dios. Necesitan el adiestramiento que el Espíritu Santo de Dios les puede dar, y los que tienen un conocimiento experimental de la verdad están obligados ante Dios a comunicar la preciosa luz a las almas absorbidas por el mundo, y amantes del mundo.

Algunos serán convencidos y escucharán las palabras que se les dirijan en amor y en compasión. Reconocerán que la verdad es precisamente lo que necesitan para liberarse de la esclavitud del pecado y desligarse de los principios del mundo. Delante de ellos se abren temas de pensamiento y campos de acción que nunca habían comprendido.

En el Redentor Jesús disciernen sabiduría infinita, justicia infinita y misericordia infinita: anchuras, longitudes, profundidades y alturas de amor que sobrepasan todo entendimiento. Contemplando la perfección del carácter de Cristo, viendo su misión, su amor, su gracia y su verdad,

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