Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 330

haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios”.

En la Palabra de Dios se nos enseña que un evangelista es un maestro. Debe ser también un médico misionero. Pero no todos deben cumplir la misma tarea. “Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”.

Los que ocupan el cargo de ministros en nuestras asociaciones deben familiarizarse con la obra de ministrar a los enfermos. Ningún ministro debe enorgullecerse de ser ignorante donde debiera ser entendido. La obra médica misionera relaciona al hombre con su prójimo y con Dios. Ni el tiempo ni el espacio deben limitar la manifestación de simpatía y confianza.—Manuscrito 33, 1901.

Cooperación

Dios ha dado instrucción acerca de cómo debe hacerse la obra. En nuestros congresos campestres nos relacionamos con toda clase de personas, de clase alta y baja, ricos y pobres. No se excluye a nadie. El Señor desea que los mejores médicos misioneros estén listos para colaborar con los ministros del evangelio. Deben ser uno con Cristo, hombres mediante los cuales Dios pueda actuar. El propósito del Señor es que su obra avance en el ámbito de la reforma. Durante nuestros congresos campestres debe hacerse una obra médica misionera genuina.

No debe trazarse ninguna línea de separación entre la obra médica misionera genuina y el ministerio del evangelio. Ambos deben unirse. No deben estar aparte como si fueran ramas separadas de la obra. Deben mezclarse en una unión inseparable, como la mano está unida al cuerpo. Los que trabajan en nuestras instituciones deben dar evidencia

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