Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 332

lo invocan”.—Special Testimonies Relating to Medical Missionary Work, 8 (1893).

Señal distintiva

La verdadera simpatía entre el hombre y su prójimo debe ser la señal que distinga a los que aman y temen a Dios, de los que hacen caso omiso de su ley. ¡Cuán grande simpatía ha expresado Cristo al venir a esta tierra a dar su vida como sacrificio por un mundo agonizante! Su religión lo indujo a hacer una obra médica misionera genuina. Él era un poder sanador. “Misericordia quiero, y no sacrificio”, dijo él. Esta es la prueba que el gran Autor de la verdad utilizó para distinguir entre la verdadera religión y la falsa. Dios desea que sus médicos misioneros actúen con la ternura y la compasión que Cristo mostraría si estuviera en este mundo.—Manuscrito 117, 1903.

Verdadera caridad

Sólo al manifestar un interés generoso por quienes necesitan ayuda podemos proveer una demostración práctica de las verdades del evangelio. “Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”. “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”. En la predicación del evangelio se incluye mucho más que el mero sermoneo; los ignorantes deben ser iluminados; los desanimados han de alentarse; debe sanarse a los enfermos. La voz humana debe hacer su parte en la obra de Dios. Palabras de ternura, de simpatía y de amor deben ser testigos a favor de la verdad. Las oraciones sinceras, que broten del corazón, acercarán a los

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